Si hay algo que nunca pensé que iba a tener que hacer por trabajo era poner mi boca en el muñeco. Sepan, además, que lo hice delante de 14 desconocidos.

Perdón por el chiste fácil, pero estoy seguro que se quedaron leyendo.
Con el objetivo de realizar un informe sobre el sector de Urgencias de la empresa donde trabajo, mi jefe me mandó a hacer un curso, que en uno de sus días incluía una capacitación en RCP (Resucitación cardíaco-pulmonar).
Como suele suceder en estas ocasiones, siempre hay un instructor simpático que intenta distender la situación. Y siempre hay algún caradura que no tiene problemas en dar el primer paso. Inesperadamente fui yo esa persona.

Hasta el momento en que pusieron los maniquíes en el piso para comenzar la práctica, me había sentido como cuando vi mi primer video de educación sexual: Mucha teoría, poca acción. En ese entonces ya sabía como se fabricaban los hijos, quería hacerlo. Ahora, después de tanto ver ER y Dr. House, quería practicar el 1234...1234...1234...1234...Aléjense...Shock!

Estar agachado, con las manos en el pecho y dándole besos a un muñeco asexuado de goma fue toda una experiencia digna de ver y vivir. Mis compañeros, perversos voyeurs, me alentaban. Yo, perverso mirón, animaba al resto. Y todo como si realmente fuera a darle vida al humanoide. Pobre de él si lo lograba, que no tenía piernas ni brazos. Pobre de mí si lo conseguía, ya estaría internado en el Borda.

(Post corto, alguien me dijo que los anteriores eran muy largos)